Chris Pueyo: “La libertad es perderlo todo, porque nada importa tanto”

Por María de la E
A pesar del dolor que contienen sus libros, siempre nacen entre sus páginas una sonrisa, un resurgir o un rescate de última hora. Y es que Chris Pueyo, en su literatura, salta al vacío, se caga de miedo, tiembla, llora y sonríe… mucho…y quiere cambiar el mundo. Sabe que para ello hay que ser uno mismo, olvidar y también soñar, reivindicar en su caso, el verbo “escrivivir”. Sí, Chris Pueyo escribe a bocajarro -en verso, prosa o aforismo-, y siempre al margen de las consecuencias. Su último libro anuncia sus emociones desde el título: Aquí dentro siempre llueve (Destino).
Tanto tu nuevo libro como El chico de las Estrellas (Destino) te sitúan en la literatura de confesión -hablas sobre tu vida, sobre el ser tú mismo, sobre tus traumas…-, ¿crees que algún día te lanzarás a la ficción? ¿O crees que toda ficción es una exhibición encubierta?
Ch. P.: Tengo la mala costumbre de escribir sobre lo que me atraviesa. Tengo muchos papeles repartidos en cajones, mochilas y mesas de cosas que pienso o que me tocan. Si no me lo creo, no puedo hacer que exista. La ficción es para verdaderos maestros de la palabra. Quizá algún día.
No me gusta hablar de tu literatura como literatura homosexual -todos nos encontramos igual de desnudos en ante el amor y el dolor-, pero no hay duda de que con ella has liberado a muchos lectores. Otros jóvenes homosexuales por fin han podido leer su propia historia. ¿Es un motor para ti, una responsabilidad y un destino como escritor o no necesariamente?
Ch. P.: Son las manos que sostienen mis libros, por lo tanto la fuerza de mi literatura. Son más que motor, son causa y final.
Te hago tu propia pregunta: ¿Cuándo dejó el amor de ser un juego entre dos personas para ser una batalla contra los demás? ¿Y cómo se libra esa batalla?
Ch. P.: Hago preguntas porque no me sé las respuestas. Todavía no la he encontrado.
La batalla se libra chillando, mientras haya a quienes les moleste.
En Aquí dentro siempre llueve compartes grandes lemas: “Nadie que te haga sentir pequeño/ merece verte crecer”; “(…) que quienes te quieran lo hagan con la acción de respetar tus/alas”. Y en el anterior regalaste antídotos de supervivencia: “De las tormentas tristes, respuestas/ De los meses del año, instantes/ Del blanco de las paredes, estrellas… “. ¿Crees en el poder sanador de la literatura?
Ch. P.: Creo en el poder de la mente. Eso es algo que me enseñó mi abuela. Creer que las cosas pueden ser, las hace posibles. A mí me funciona, por eso prefiero inventarme el mundo.
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Su segunda obra publicada. Con la primera se dio a conocer en las redes como ‘Peter Pan’.

¿Hay poderes que te asustan?
Ch. P.: Cualquiera mal gestionado.
El clamor por la libertad en las relaciones y en la propia vida se repite en tus dos libros. ¿De qué depende alcanzarla?
Ch. P.: Yo no puedo escribir si no me siento realmente libre. Y no solo no puedo escribir. No puedo hablar, no puedo hacer el amor, no puedo enfadarme. La libertad es perderlo todo, porque nada importa tanto. Así seremos un poco más libres.
Con 23 años, dices: “la vida es una cuenta atrás/ donde dos personas se dan la vuelta en el último momento”. ¿Qué te gustaría ver al final del camino? ¿A qué persona te gustaría tener a tu lado?
Ch. P.: 22. Y a mi abuela, jajaja 🙂
En tu libro mencionas ‘La leyenda del hilo rojo’ -que dice hay un hilo rojo invisible que conecta a aquellos que están destinados a encontrarse-, ¿crees en ella?
Ch. P.: Me gusta creer en ella.
De todos tus últimos poemas, el que dedicas a tu madre, Infancias violetas, me conmueve especialmente: “(…) érase una madre que no fue/ érase un niño sin niñez” (…) “te quiero/ aunque no sepamos tenernos”. ¿Cómo se aprende a perdonar y a amar a pesar de todo?
Ch. P.: No lo sé, todavía estoy aprendiendo.
¿Se puede vivir “derrapando” y tener una dirección clara?
Ch. P.: Sí, pero con tanta prisa te pierdes un poco el camino, ¿no?
¿Cómo escribe Chris Pueyo?
Ch. P.: Escribo en folios. Después, cuando el libro me ha dicho su nombre, lo paso al ordenador. Esto me permite pulir mejor mis libros. Corrijo y medito y lo paso mal y siento una satisfacción inabarcable porque escribir es una aventura.
Muchas gracias, María, por leerme con empatía y hacerme una entrevista llena de cariño. 🙂
Gracias a ti.

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