Otra mirada: cambio de paradigma en la Literatura para la Infancia

* Texto leído en la mesa «Grandes proyectos para pequeños (y exigentes) lectores», III Encuentro de editores y libreros independientes «Otra mirada».

A. Lartitegui, S. Lairla, I. Piedrasanta, M. Osorio y P. Larraguibel, componentes de la mesa.

Este mes se ha celebrado la tercera edición de Otra mirada, un encuentro de editores y libreros independientes hispano-españoles celebrado en Antigua Guatemala y organizado por las librerías CÁLAMO (Zaragoza, España) y SOPHOS (Guatemala). Además de propiciar la colaboración y el diálogo entre libreros, editores y distribuidores del área iberoamericana, se aprovechó el foro para hablar sobre el futuro y los nuevos paradigas de la Literatura infantil. En aLucInaJe, rescatamos algunas conclusiones sacadas literalmente del encuentro oficial:

*La literatura para la infancia está culturalmente enmarcada tanto en la literatura como en la educación, lo cual ni es bueno ni es malo, siempre que lo didáctico no interfiera en exceso. Es cierto que los puristas sostienen que una literatura con apelativos no es literatura; que la literatura se debe a sí misma y que el único compromiso al que nos debemos los autores es al de hacer literatura. Pero sin quitarles la razón porque la tienen, ¿desde cuándo avanzó el mundo gracias a un purista? Además, ¿desde cuándo el origen de algo determina su curso? No, los problemas de la LIJ no se derivan de sus apelativos, sino más bien de un exceso de sobreprotección que conduce a valorar excesivamente la rentabilidad didáctica de la lectura de un texto literario. Lo cual no deja de ser una falta de confianza en el niño y, por tanto, en el ser humano y en nosotros mismos como lectores de verdadera literatura.

A este primer punto resistente, en estrecho vínculo, se suma un segundo: la falta de formación literaria y estética de los mediadores profesionales que son quienes deben acercar y/o compartir la lectura con los menores. Este colectivo de mediadores es más amplio de lo que probablemente Vds. imaginan. Y por si alguien no se diera por aludido, enunciamos la lista. El primer mediador es el editor, luego el distribuidor, después la crítica, consultores, especialistas y prescriptores; también los libreros y, por su puesto, los docentes y lo bibliotecarios. Fuera quedarían los mediadores no profesionales, los cuales son la parte libre y liberadora de este encuentro lector. El lector estético no nace sino que se hace. Mal vamos a contribuir a esta tarea si no empezamos por nosotros mismos.

Y ahora sí, pongamos atención a estos puntos de inflexión que abren los goznes de un nuevo paradigma:

  • La nueva literatura para la infancia es menos inhibidora y más liberadora. El juego, el azar y el espíritu lúdico están en la base de la literatura desde tiempos muy remotos. ¿Por qué hemos ido poniéndoles freno en la LIJ cuando de un modo especial deberían darle vida?
  • Las tendencias apuntan hacia obras más interactivas y menos aleccionadoras. Justamente porque en esta era vemos sustituir reflexión por velocidad, ofrezcamos obras que demanden un lector activo, creativo y crítico. Si la literatura se debe al tiempo que la engendró, este es el tiempo de desarrollar modelos participativos, precisamente.
  • El libro y la lectura se abren decididamente a la experimentación de nuevas formas de la literatura que surgen de las hibridaciones entre los géneros; nuevos discursos multimodales que están ensanchando los parámetros, maneras y conceptos sobre lo que son el libro, la lectura, los lectores y, por su puesto, lo literario.
  • Por último, y más importante, frente al discurso de las certezas engañosas y de las verdades aprendidas del biempensismo y frente a la estupidez de lo políticamente correcto, la verdadera literatura para la infancia responde, como su homóloga la de los adultos, adentrándose sin temor por las sendas inciertas de la esencia poética del ser humano.

Lidiar con las resistencias y aportar por este nuevo paradigma son tareas que nosotros asumimos desde nuestra condición de autores así como desde esta, nuestra humilde contribución a la mediación profesional. Si la literatura ha de contribuir a crear un hombre nuevo, ¿no tendremos que despertarlo desde niño?

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